Andrea Soler, postrada en cama, descubrió que su medicamento estaba envenenado y desenmascaró a su esposo Mario Peña y a su amante, la niñera, conspirando para asesinarla. Finjiendo estar débil, buscó pruebas con ayuda de Ignacio López. Usó la intromisión de su suegra para recuperar el control de su empresa y tendió una trampa a Mario. Finalmente, logró que la amante confessara y los envió a la justicia.